Ficha de la Obra
NOMBRE DE LA OBRA: La TejedoraAUTOR: Luis Perlotti,
INFLUENCIA principal: Art Decó
INFLUENCIAS SECUNDARIAS: Egipto, Grecia Arcaica, Grecia Clásica, Bajo Imperio Romano, Románico,
TIPO DE OBRA: Monumento Público
AÑO DE INICIO DE OBRA: 1927
AÑO DE FINALIZACIÓN DE OBRA: 1929
PROVINCIA: Ciudad Autónoma de Buenos Aires
BARRIO / LOCALIDAD Parque Avellaneda
UBICACIÓN: Parque Avellaneda
Análisis de la Obra
La estatua La Tejedora se encuentra en el Parque Avellaneda, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La escultura fue realizada por el escultor argentino Luis Perlotti en el año 1926. Sin embargo, fue emplazada en el parque en el año 1929, después de ser adquirida por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.
La Tejedora presenta un cierto clasicismo arcaizante debido a que posee elementos del arte griego arcaico y del hieratismo egipcio a y de la geometrización del Art Decó.
La escultura se encuentra en posición frontal, lo que implica que es para ser vista de frente y no requiere ser transitada para poder ser comprendida en su totalidad. Además, la estatua se muestra estática por estar sentada en postura de cierta rigidez y simetría. No es una simetría absoluta debido a que sus brazos se encuentran en posiciones distintas que matizan el equilibrio logrado por otros elementos como las piernas que están paralelas.
Los rasgos hieráticos, la ley de frontalidad y la rigidez también forman parte de la escultura griega arcaica. Este tipo de escultura comparte otras dos características con la obra: la anatomía se encuentra geometrizada, aunque en detalles como las manos se demuestra un desarrollo mayor; y la anciana, como las figuras curés, se encuentra vestida con unos mantos cuyos pliegues se asemejan a las estrías de una columna griega.
Por otro lado, la estatua presenta un rostro inexpresivo como se realizaba en Egipto y en la Grecia arcaica. Este recurso en Egipto se utilizaba para simbolizar la abstracción del mundo real y lograr una imagen por encima de lo mortal. Además, el rostro posee arrugas, es decir, rasgos de la vejez. Esto le brinda un aspecto más realista a la obra, rechazando la idealización, tal como ocurrió en el arte Romano.